La violencia de género se agrava en las nuevas generaciones

Con un aumento de la violencia de género entre jóvenes, estudiamos cómo se percibe y las secuelas que deja este abuso a su paso

Piensa en tus amigas, en las chicas de tu clase, en tus grupos de WhatsApp. Mira a tu alrededor en el transporte público, en la biblioteca o en un restaurante: una de cada cinco mujeres jóvenes ha sido forzada a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad. Entre los chicos, dos de cada veinticinco reconocen haber vivido lo mismo.

Esta es la realidad que dibuja el Barómetro Juventud y Género del Centro Reina Sofía de Fad Juventud. Lejos de ser solo un listado de porcentajes, el informe reúne los datos de las tensiones, avances y resistencias que definen a nuestra generación en España. En su última edición, los resultados demuestran que la violencia en pareja sigue siendo un problema latente entre los jóvenes. 

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)(2014-2024) · Elaboración de Circus

De hecho, el problema se está agravando de forma preocupante. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de menores de edad denunciados en España por violencia de género creció un 42% en una década (2014-2024), al pasar de 90 a 128, mientras que el de jóvenes de 18 a 24 años repuntó un 14% (de 2.718 a 3.103 casos). Además, estas cifras solo recogen el número de denunciados con orden de protección o medidas cautelares, lo que deja fuera del cálculo un número desconocido de situaciones que no se han denunciado.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)(2014-2024) · Elaboración de Circus

Esta realidad, con todos sus matices, es nuestro punto de partida. 

Para adentrarse en este tema, es importante definir aquello a lo que nos referimos. Por eso recurrimos a la definición de la violencia de género, según el Instituto de la Mujer:

“Es aquella violencia que se ejerce sobre las mujeres por parte de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones de afectividad (parejas o exparejas)”.

El objetivo del agresor es producir daño y conseguir el control sobre la mujer, por lo que se produce de manera continuada en el tiempo y sistemática en la forma, como parte de una misma estrategia.

¿Y qué conlleva? Según la legislación vigente, abarca “todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad”.

La violencia deja secuelas incluso después del cese del maltrato. El Barómetro Juventud y Género preguntó a jóvenes que habían sufrido abusos en pareja, tanto hombres como mujeres, sobre las consecuencias que estos habían dejado en sus vidas.

Entre los efectos más reportados por ellas, figuran los problemas de salud mental, el sentimiento de vergüenza, el impacto en la autoestima y los cambios en la vivencia de la sexualidad. 

Fuente: Barómetro Juventud y Género 2025 · Elaboración de Circus

En ellos, las consecuencias que más destacan son evitar ciertos lugares y cerrar o restringir sus redes sociales. Por último, el Barómetro ha detectado como secuelas compartidas la pérdida de amistades y el recurrir al consumo de drogas o alcohol, con un porcentaje similar entre hombres y mujeres. 

Fuente: Barómetro Juventud y Género 2025 · Elaboración de Circus

La violencia no solo se sufre en primera persona, también se presencia. El 32,7% de las chicas jóvenes ha visto cómo se forzaba una relación sexual en su entorno, frente al 15,3% de los chicos. Ver, escuchar y estar cerca de estas situaciones también deja huella, aunque no siempre se nombre como violencia.

Los insultos, las humillaciones, las amenazas, el control, las grabaciones y el aislamiento son solo algunas de las formas que puede adoptar la violencia. Y, en prácticamente todas ellas, hay el doble de proporción de chicas que dicen haberlas presenciado. 

Existe una grieta profunda en cómo los hombres y las mujeres perciben la violencia. Los datos evidencian que hay una conversación pendiente y necesaria para reducir la distancia entre ambos géneros y para entenderse mutuamente. Al observar lo presente que está la violencia entre los chicos y chicas, se hace tangible lo que les separa. Porque detrás del temor, la ansiedad y la inseguridad, se esconde lo mismo: el miedo de que te pase a ti. 

La realidad detrás de las cifras que hemos analizado en este reportaje son difíciles de concebir. No hay informes, ni investigaciones ni encuestas que sean capaces de medir el aumento de la violencia con precisión o de determinar sus causas. ¿Es que las mujeres están más concienciadas sobre qué conductas denunciar o es que la violencia crece exponencialmente? ¿Los hombres no tienen la capacidad para hablar sobre su intimidad o es que no les escuchamos? Nunca se sabrá si no nos atrevemos a mirar al otro lado de la brecha y preguntar qué está ocurriendo.

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